miércoles, 11 de junio de 2014

Capitulo 7.

-Paul creía que desde la última vez que te rompí los dientes aprenderías la lección.
-Que yo sepa no estoy haciendo nada.
Desde atrás podía ver como los músculos de Paul se ponían cada vez más rígidos.
-¿Quién es esa? -pregunta.
Doy un paso adelante y me pongo delante de Paul.
-Soy Amelie.
Paul se pone a mi altura y noto el sudor y la humedad que sale por sus poros.
-¿Qué quieres Andrew?
-Sólo me daba una vuelta por la naturaleza, ya sabes todo ese rollo de que te relaja y te crea un ambiente de paz. Hoy ha sido un día muy movido, que si raptar chicas guapas por aquí que si matar a todo que se ponga en mi camino por allá... ya sabes, mucho ajetreo.
Sabía a lo que se refería. Iba a secuestrarme para llevarme hasta los oscuros y una vez allí usarme para romper la maldición. Un escalofrío inundó mi cuerpo y un sentimiento de miedo brotó en mi interior.
-No harás nada si no es por encima de mi cadáver.
-¡Y a quien no le gusta un poco de sangre!
-No te la llevarás. ¡No os vais a salir con la vuestra!
De repente Andrew corre hacia nosotros. Paul me aparta de un empujón y me caigo. Paul y Andrew empiezan una pelea de la que no quería ser testigo. Andrew intentaba darle puñetazos pero Paul siempre los paraba. Hasta que desfortunadamente un puñetazo le golpeó en la nariz. Observo a mi alrededor y encontré ubastante grande como para causar un mínimo daño. Lo cojo y golpeo a Andrew con todas mis fuerzas y rabia. Consigo darle pero solo hago que se tambalee lo que permitió a Paul levantarse y embestirlo por detrás. Andrew se da la vuelta y se encuentra de cara con Paul.
-¿A dónde te crees que vas?
De repente Andrew se saca algo del bolsillo y se dirige hacia mi. Noto una punzada en mi estómago y entre el dolor veo como Andrew se aleja corriendo, corriendo muy rápido.
-Amelie, ¿estas bien?
-No lo se.
Miro hacia bajo y veo como mi camiseta se ha manchado un rojo intenso. De repente, noto que voy perdiendo el conocimiento.


-Es solo un corte. No es muy profundo pero si hay que curarlo con cuidado.
-Pero, ¿no ha llegado ha ningún órgano verdad?
-No, sólo la tendremos aquí esta noche.
De repente abro los ojos y veo a una enfermera y a mi madre a ambos lados de la cama del hospital. La enfermera es rubia, con ojos azules y con unos mofletes tan marcados que parecen irreales. Mi madre, con cara preocupada, me toca levemente la frente.
-¡Estoy bien mamá!
De repente llaman a la puerta. Veo a un chico con pelo despeinado y camiseta muy ceñida, Paul.
-¿Me permiten hablar con ella un momentito?
-Claro, ya hemos terminado por ahora.
La enfermera y mi madre se van. La verdad es que me da vergüenza estar a solas con él, pero a la vez, hay momentos que necesito estar con él sin nadie a nuestro alrededor.
-¿Cómo estas? Me siento tan culpable. Te ha pasado eso por mi culpa y...
-Escuchame, no ha sido por culpa de nadie. Ha pasado y ya está. Y no te preocupes porque estoy bien.
Paul se acerca y me da un beso en la frente. De repente todos mis músculos se relajan. Le cojo de la nuca y le miro a los ojos. La luz del hospital no es muy buena, pero consigo ver sus ojos verdes con pequeñas partes azules. Podía verme en ellos. Eran profundos y misteriosos.
-Todo bien.
-Vale.

A las diez de la mañana por fin estaba en mi casa. Mi padre y mi hermana vinieron a recogernos y fuimos para casa.
-¿Quieres algo de comer hija?
-No gracias, no tengo apetito.
De repente mi hermana pasa por el salón.
 -Claire, ¿podemos hablar un momento?
-Claro te espero en la habitación.

Subo a la habitación decidida a buscar explicaciones.
-¿Por qué tú y nuestros padres sabíais esto y no me lo contasteis?
-Amelie tienes que entender que solo queríamos protegerte, por nada del mundo queremos perderte.
-Pe... pero, ¿cuándo lo supiste?
-Hace cinco años mis padres me explicaron todo y prometí no decirte nada. El hecho de que seamos iguales físicamente me ha hecho tener varios problemas con los oscuros.
No podía creer que mi dulce y extravagante hermana supiera todo eso. De repente un ruido en la ventana de mi habitación nos asusta. Corro hacia ella y la abro.
-Hola chicas. En serio, sois increíblemente iguales.
-Perdona, pero yo soy mucho mas guapa.
-¿Desde cuándo te llevas tan bien con mi hermana?
Nadie contesta a mi pregunta. Paul solo se dedica a saltar por la ventana y entrar en mi habitación.
-Bueno, me voy, os dejo solos para que...
Mi estúpida hermana empieza a hacer gestos amorosos. Nos reimos. Nunca había oído su risa. Es preciosa.
-¿Quieres ver una cosa?
-¿El qué?
De repente Paul me coge por las piernas y me acompaña hasta la ventana.
-¿Pretendes que saltemos?
-Ayúdate del árbol.
Tras un gran esfuerzo consigo bajar. Paul lo hace sin pestañear.
-Si que eres ágil.
Paul se ríe y empieza a caminar.
Caminamos durante aproximadamente media hora y llegamos hasta el bosque que está a las afueras. Las flores inundan los campos y lo llenan de color. Tropiezo con algunas raices del suelo aunque intento mantener el equilibrio. La hierba es tan alta que puede tocarme la cintura. Todo está en silencio excepto el canto de los pájaros y nuestra respiración fuerte y agitada. Todo me inunda en un estado de relajación. Todo lo que me rodea transmite que todo está bien.
De repente Paul se para delante de un árbol.
-¿Por qué nos paramos?
-Hemos llegado a nuestro destino.
-¿Un árbol?
-No es sólo un árbol.
De repente, Paul da un silbido tan fuerte que me pitan los oídos.
De repente el árbol se parte en dos y deja ver una puerta roja, con el pomo verde.
-¿Pe... pero cómo?
-Entra.
Me deja abrir la puerta, y en cuanto la abro no puedo creer nada. Una gran fila de casas de madera. Impaciente voy andando entre las casas. Son preciosas, con porches y arbustos con flores. Miro hacia mi alrededor y todo es muy colorido y lleno de vida. Veo como pequeños niños juegan y a través de las ventanas, mujeres, hombres, actuando con normalidad. Como si fuera un pueblo normal.
-Son... ¿normales?
-Para nada. Entremos aquí.
Nos dirigimos a una casa. Su porche está lleno de plantas, que por el olor deben de ser aromáticas.
-Carrie, ¿se puede?
Entramos y veo a una mujer aparentemente normal.
-¿Quien es? -le digo antes de entrar.
-Una de las personas más ancianas de aquí. Como ves es especial.
Paul señala sus orejas, refiriéndose a las de la mujer. No me había dado cuenta pero la mujer tenía las orejas puntiagudas.
-Increíble.
Entramos a la casa. La casa huele a hierba y a campo mojado.
-Esta es Amelie.
-Encantada señora.
Carrie es anciana. Tiene el pelo gris recogido en un moño, que parece perfecto. Es baja y con la espalda encorvada.
-¡Me alegra conocerte por fin! ¡He deseado este momento años!
-Carrie, ¿puedo enseñarle tu casa? Nunca ha visto nada de este tipo.
Paul traga saliva y me dirige hacia el salón.
Un pequeño insecto volador se acerca a nosotros.
-¡AH!
-Tranquila Amelie, es solo un hada.
-¿Un hada?
Observo detenidamente al ser extraño. Puedo ver sus pequeñas alas inquietas y transparentes y su cara arrugada y de color rosa.
-Creía que las hadas eran mas...
-¿Guapas? Si, es solo un mito. Anteriormente eran personas normales pero fueron maldecidas con disminuir tanto su tamaño hasta que sean casi invisibles. No pueden hablar y se convierten en seres poco agraciados.
-Vaya... Tiene su encanto.
De repente me giro para ver las fotos del pequeño armario al lado de una jaula con dos pequeños pajaros. Los observo y veo que son oscuros y tiene aspecto de ser muy longevos.
-¿Qué son?
-Ave fénix. Seguro que has oído hablar de ellos.
-Sí claro.
Avanzo y empiezo a observar las fotos. En una de ellas aparece Carrie con un girasol tan grande que le triplica la altura. Las demás son todas de flores y aves. Pero hay una, que realmente despierta mi interés. La observo con detenimiento.
-Paul, ven aquí.
Paul se acerca rápidamente.
-Este es mi padre, ¿qué hace con Carrie? ¿Se conocían?
De repente Paul mira a Carrie y puedo ver en la cara de la anciana como las bolsas de sus ojos se caen hacia abajo.

viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 6.

Corrí hasta donde estaban mis padres para tocarlos y comprobar que no era una alucinación mía.
Sus caras estaban tristes y preocupadas.
-¿Qué os ha pasado? ¿Estáis bien?
-Si tranquila hija, no te preocupes.- contesta mi madre.
-Estoy un poco confusa, ¿qué hacéis aquí?
-Paul.. Creía que se lo habías explicado.
Espera. ¿Paul? ¿Cómo sabe mi madre el nombre del chico que se ha resistido dos días a decirme su nombre?
Me giro para mirar a Paul.
-¿Que está pasando aquí? -chillo.
Paul se acerca y me toca para tranquilizarme.
-No me toques. ¿Qué esta pasando?
-Amelie, tranquila, te lo voy a explicar. Ayer tus padres fueron raptados por esas personas que te he contado, que no son como nosotros. Ellos saben quién soy, quienes son ellos. Saben lo que eres. Tu padre, tu madre e incluso tu hermana.
-¡Con que todo el mundo sabe todo, menos yo! Soy la que principalmente esta implicada en esto, y soy la única que no sabe nada.
No me lo podía creer. Seguramente era la causa de todo este problema, y ni siquiera se lo que soy.
-¿Y por qué trajeron hasta aquí a mis padres?
-Porque ellos creían que nadie conocía este sitio. Se equivocaron. Y ayer si no llega a ser porque llamaste a la policía, te podría haber pasado algo peor y....
Paul baja la cabeza y se da la vuelta. Pone sus manos alrededor de su nuca.
-¿Y?
-Por fin hubieran tenido lo que ellos querían.
Noté en los ojos de Paul la preocupación pero a la vez el alivio de que no me había pasado nada, estaba sana y salva.
-Pero por favor, mamá, papá, Claire, decidme quien soy.
-Amelie, no podemos decírtelo. Nos pueden estar oyendo.
-Claire, nunca nos hemos ocultado secretos. Sí... ¿quién? ¡QUIEN QUIERA QUE ESTES AHI! ¡¿PUEDES OIRNOS?! ¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES?!
Paul se acerca a mi y rodea mis hombros con sus brazos. Una calidez inunda mi cuerpo, pero también unas ganas de llorar. Comienzo a llorar y siento que no puedo parar. Mi mente está llena de información pero sin su definición. Es como darte un dulce y de repente quitártelo.
-Tranquila Amelie. Sabrás todo lo que quieres saber.
Me despego de él y voy hacia mis padres. En cierta parte, un rencor invade mi mente. Mi familia me ha estado engañando y ocultando qué soy verdaderamente.
Por fin mi madre decide pronunciar palabra.
-Solo lo hacíamos para protegerte.
-Ya claro.
Me doy la vuelta y salgo por la puerta. Solo quiero huir de ese sótano, huir de todo. Ojalá nunca hubiera sabido nada, ojala nunca hubiera visto ese accidente, ojala no hubiera conocido a ese profesor, ojala no hubiera llamado a los policías y me hubieran secuestrado.
Salgo corriendo hacia el pequeño lago que hay a lado de mi casa. Solo quiero desaparecer por un momento, una hora, una eternidad. Me siento a la orilla del lago. Siempre me ha gustado venir aquí. Es tranquilo, idílico y armonioso. Respiras aire puro y oyes como el agua se mueve de vez en cuando y los peces asoman su cabeza. Aquí no existe ningún tipo de problema.
Oigo pasos y me doy la vuelta.
-¿Qué?
-Solo venía a ver cómo estabas.
Me levanto y puedo apreciar como los leves rayos de sol hacen que sus ojos verdes se vean mas claros y diminutas mechas rubias de su pelo brillen.
-No quiero hablar con nadie.
-Voy a explicártelo todo Amelie.
Me lleva de nuevo a la orilla del lago y nos sentamos.
-Quiero saber todo.
-Los libros datan de la creación de la Tierra. El mundo estaba dividido en dos grandes grupos: los de los cielos, los puros y buenos y los del infierno, malvados y oscuros. Las personas pueden ser de los dos grupos, por eso nunca debes fiarte de nadie. Se dice que ha habido más de mil guerras entre los puros y los oscuros y que la victoria siempre se la llevan los oscuros. Los puros, a parte de personas también pueden ser ángeles y ninfas.
-Espera, esto parece más un cuento de fantasía. No me creo nada.
-No te lo creerás hasta que te lo enseñe, ¿puedo continuar?
-Claro.
-Los oscuros, a parte de personas malévolas, también pueden ser vampiros y todo ser monstruoso. Ellos viven en cuevas, en los túneles subterráneos y tuberías. No pueden ver la luz del Sol, tan solo un día cada siglo, cuando se produce el eclipse místico.
-Claro y ahora vendrá Damon Salvatore y me morderá la yugular.
-No es nada gracioso. Ellos mataron a mis padres. Ellos fueron los que tras cada victoria mataron a miles de personas puras.
-¿Tus padres?
-Sí Amelie, mis padres.
-Lo siento de verdad Paul, pero una última cosa, ¿qué es ser elemental?
-Elemental es que eres pura y oscura. Perteneces al cielo y al infierno. Eres la clave para los oscuros. Tú puedes romper la maldición y permitir que asciendan a la luz del Sol para siempre y convivan entre nosotros.
No podía respirar. Esto era como los libros que me leía mi madre de pequeña, llenos de fantasía y ficción.
-Paul... No... No se que decir. No...
-Tranquila, pienso enseñarte todo y protegerte con mi vida. Ellos no te tendrán, no permitiré que te toquen, te lo prometo.
Me miraba a los ojos mientras formulaba cada palabra y cada vez se me hacía mas difícil apartar la vista de sus ojos. Ahora mismo, no puedo asimilar tanta información. Por fin se lo que soy y esta rara historia de los puros y oscuros.
-¿Y tú qué eres?
-Mis padres eran protectores y yo soy protector. Los protectores cuidamos y protegemos a todo el mundo y les ayudamos en todo. Elegí ayudarte a ti, porque me llamaste la atención desde el primer momento hace dos años que te vi salir de tu casa.
-¿Dos años? ¿Me conoces desde hace dos años?
-Te vi salir de casa y ahora que por fin me conoces no puedo dejar de verte ni un solo día.
Paul se empieza a acercar a mi y mi respiración aumenta. Me toca la cara con su mano y yo le abrazo. Necesito esa sensación de calma que el me transmite con un sólo abrazo.
-¿Y qué tiene que ver las plumas que veo?
-Son nuestros símbolos. Solo pueden verlas los que tienen descendencia de protectores puros. Seguramente en tu árbol genealógico, alguien, fue protector.
-Eso explica que yo vea las plumas y Ann no las viera. Entonces, John, ¿es protector?
-Sí. Y ahora que sabes todo, ¿qué mas quieres?
-Verlo todo y terminar de creérmelo.
De repente oímos un ruido enorme y Paul y yo nos levantamos y vemos la silueta de un hombre vestido de negro y con la cara tan blanca como la nieve y unas grandes ojeras moradas.
-No te he contado, que los oscuros, tienen aliados que pertenecen a los puros y seguramente los que raptaron a tus padres. Se les llaman impuros y este tiene muy mala leche.
Paul se pone delante mía, cómo si fuera un escudo.
-¡Cuánto tiempo sin verte!
¿Se conocen? ¿Por qué se conocen?

martes, 20 de mayo de 2014

Capitulo 5.

En ese instante perdí la noción del tiempo y me perdí en sus ojos que la noche hacía aun mas misteriosos.
-¿Co.. cómo sabes mi..?
Su sonrisa desapareció y una cara de preocupación inundó sus facciones.
-No tengo mucho tiempo, solo quiero ayudarte. Se dónde está tu familia.
-¡¿CÓMO?! ¿Dónde están? ¿Están bien?
-No debes preocuparte pero si mantenerte alerta. De tu protección me encargo yo.
Mientras habla, observo sus perfectos labios que palabra a palabra se van moviendo con cierta perfección. Su nariz es pequeña y redonda y sus ojos son claros, verdes y profundos. Observo cada punto de su cara.
-¿Pero quien eres?
-Alguien bueno. No confíes en nadie. Todos quieren tenerte.
Quien quiere tener a una chica como yo. Que habla con extraños cada dos por tres y que ve cosas donde no las hay.
-¡Oh! ¿En serio? Otro loco como mi profesor. ¡Me vais a volver loca!
-Mierda... Le dije al dichoso John que mantuviera su boca cerrada. ¡Está loco contigo!
-¿Que.. que conoces al chiflado John, seguidor de la religión ''todos venimos de los elementos naturales''?
-Ja ja ja, esa es otra conversación que tenemos pendiente.
En ese momento la puerta de la casa de Ann se abre. Mi alterada amiga sale corriendo del umbral y me da un abrazo.
-¿Qué haces ahí Amelie?
-Ah nada sólo hablaba con... con un amigo. Mira este es...
No estaba. Se había ido, de repente. Como si nunca hubiera estado hablando conmigo. Como si nunca hubiera estado aquí. Como si no hubiera estado observando sus ojos verdes ni se hubiera reido.
-Amelie... empiezas a asustarme.
-Yo también me asusto de mi misma Ann, no te preocupes.
-Vamos dentro, mi madre ha hecho pizza para cenar.

Terminamos de cenar y nos subimos a su habitación.

-Ann, tengo que contarte algo.
-Dime Amelie.
-Creo que me estoy volviendo loca. Antes de salir a buscarme, estaba hablando con un chico que dice que sabe dónde están mis padres y que están bien y está tan loco como John.
-Espera espera, Amelie, cuando salí no había nadie.
-Porque se fue, desapareció.
-O sea que hablas con fantasmas, ¿no?
-¡No Ann! Por favor créeme, algo esta pasando. Todo está relacionado, las plumas, el chico sin nombre y el profesor chiflado. Por cierto, cuando por fin conseguí hablar con John me dijo que era especial y que era elemental.
-¿Qué es elemental?
-No lo se Ann, pero pronto lo sabré.
Ann está tan confusa como yo, pero se que todavía no se lo ha creído del todo. Es real, todo fue real. El accidente, el profesor, el chico, las plumas.
Hay una característica entre el chico y John, el profesor, y es que su belleza es extrema. Sus rasgos son casi perfectos y sus gestos limpios y claros.
Pero mi cabeza estaba llena de dudas. ¿Qué es ser elemental? ¿Dónde está mi familia? ¿Quién es ese chico que no me puedo sacar de la cabeza?

Nos dormimos y esta vez no tuve ninguna pesadilla ni sueño extraño.

-¡A desayunar!
Me despierto desorientada hasta que recuerdo el tormentoso día de ayer y que estoy en casa de Ann.
Ann ya se está vistiendo.
-Vamos marmotilla, que tienes que ducharte.
-Buenos días Ann, ¿dónde están las toallas?
-Segundo armario a la derec... *¡PUM!*
Ann se tropieza con el pantalón y se cae de culo.
-Ann no intentes hacer dos cosas a la vez, recuerda que eres retrasada.
Ann me tira un peluche de la cama a la cabeza.
-Dúchate estúpida.

Cojo la toalla, ropa limpia y me dirijo a la ducha. Me encanta el agua caliente. Me produce una felicidad cuando las gotas de agua hirviendo recorren mi cuerpo.
De repente oigo un ruido enorme.
-¿Ann? ¿Estas ahí?
No recibo respuesta. Termino de enjuagarme, cierro el agua y me tapo con la toalla.
Cuando voy a salir de la ducha me encuentro al chico de anoche, el chico que fue amable conmigo y que de repente desapareció.
-¡Eh! ¿Qué narices haces? ¡No ves que estoy sin vestir y recien salida de la ducha!
-Que pueda desaparecer no interviene en que tenga ojos y vea lo hermosa que estas recien salida de la ducha.
Mis mejillas se enrojecen y un calor me hinunda el cuerpo.
-Ajam, sí. ¿Qué haces aquí?
-Tenemos que irnos.
-¿A dónde?
-¿Quieres ver a tu familia? Te llevaré con ellos.
-¿En serio? Me visto enseguida y nos vamos. Pero... ¿que le digo a Ann? Tengo instituto.
-Dile que tienes que ir a comisaría. Que citaste una visita ayer.
-Vale, déjame que me vista.
Nos quedamos un minuto mirandonos a los ojos. La tensión aumentaba. Hoy iba con una camiseta de manga corta gris que marcaba perfectamente sus biceps cuando cruzaba sus brazos. Unos pantalones negros que le hacían esbelto. Su pelo estaba tan perfecto como siempre y su sonrisa inexplicable me cortaba la respiración.
-No necesito expectación para vestirme, ¿sabes?
-Pensaba que me dejarías... Vale, ya me voy.

Cuando terminé de arreglarme vi que había una nota encima de la cama.
-''Te espero en tu casa''
Bajé las escaleras en busca de Ann.
-Ann, que... Tengo que ir a comisaría a hablar con el policía que visitó mi casa ayer.
-¿No vas a clase?
-Que va, me ocupará toda la mañana. Ya sabes tengo que hablar muchas cosas y pedir muchas explicaciones.
Tal y como me dijo el chico sin nombre, no debería confiar en nadie pero no pude evitar contarselo ayer. Pero lo de hoy no lo debe saber nadie. Me cuesta mucho mentir a mi mejor amiga.
-Vale, ¿quieres que mi madre te lleve en coche?
-Esto... No no gracias voy andando y así me despejo.
-Cómo quieras, ¿quieres desayunar?
-No tengo hambre de verdad, voy con prisa, llego tarde. Adios Ann, te quiero.
Salí corriendo de la casa. Solo tengo que cruzar dos calles y estoy en mi casa. Cuando voy con prisa las calles se me hacen enormes.
Por fin llego a mi casa y ahí está. Me acercó y noto que él me observa. Me siento un poco incómoda, nadie nunca me había observado, siempre era la que pasaba desapercibido.
-¿Estas lista?
-Más que nunca.
Empieza a caminar y nos dirigimos hacia mi jardín. Nos situamos encima del arenero en el que mi hermana y yo jugabamos de pequeñas. El chico busca entre la arena y observo como levanta una tabla que oculta un botón.
-¿Qué es eso?
-Vi como ellos les metían aquí.
-¿Quienes?
-Los otros, los que no son cómo nosotros.
-Odio tanto misterio, pero, ¿quienes sois vosotros?
No contesta y odio recibir información sin explicación.
-¿Que quienes sois vosotros?
-¿Podrías aplazar las preguntas para más tarde?
Justo el arenero se desliza hasta dejar al descubierto unas escaleras grises y monótonas hacía una planta del subsuelo.
-Paso yo primero, podría ser peligroso.
Ese instinto protector que tenía conmigo la verdad que me hacía sentir bien.
Las escaleras eran diminutas y casi ni me cabían los pies. Justo cuando tan solo quedaban dos peldaños, pisé mal y resvale. Pero no noté el golpe contra el suelo, porque el chico sin nombre me cogió de la cintura. Nuestras caras estaban a tan solo cinco centímetros y notaba su respiración acelerada.
-Ten cuidado patosa Amelie.
-Todavía no me has dicho tu nombre.
-Me llamo Paul.
Oir su nombre procedente de su boca me produjo un escalofrío.
-Paul... Es muy bonito.
No contestó. Atravesamos cientos de pasillos que ni me imaginaba que exístían debajo de mi casa.
Nos paramos en una puerta gris. Paul la abrió.
-¡Mamá, papá, Claire!
Las lagrimas se apoderaron de mis ojos. Estaban a salvo.

domingo, 23 de febrero de 2014

Capitulo 4.

Mi cabeza daba vueltas... ¡Que narices esta diciendo este hombre! El timbre interrumpió mis horribles pensamientos. No me apetecía coger el autobús, prefería ir andando y meditar sobre la conversación con el profesor misterioso.


¿Elemental? O por dios, que narices está pasando. Se que es mentira pero... lo ha dicho de una manera tan convencida y, si estuviera tan loca como él, me lo hubiera tragado. ¿Y si quizás me lo estoy tragando? ¿Y si estoy tan loca cómo el? Una loca se tragaría esa teoría y si no la creyera, no estaría dándole tantas vueltas.

Cuando llegué  a mi casa vi que la puerta estaba abierta.
-Que raro... mi madre nunca deja la puerta abierta.- susurré.

Entré en casa y todo estaba completamente desordenado. ¿Qué clase de tornado había pasado por aquí? Fui a la cocina y cogí el cuchillo que usa mi padre para cortar el jamón y me aventuré a recorrer la casa como en las películas de terror.
Me temblaba todo el cuerpo y me sudaban las manos. Fui al salón y todo estaba patas arriba: los jarrones rotos, la televisión en el suelo... Todo hecho un desastre. Cada vez tenía más miedo, ¿y si hay una banda de atracadores saltando encima de mi cama?
Subí al piso de arriba y la primera habitación que revisé fue la de mis padres. No podía ser... todas las fotos estaban rotas, por lo demás, intacto. Las fotos de la boda, de las vacaciones, de los viajes... todas rotas. Pero... ¿dónde estaba mi madre, mi hermana o mi padre?
Seguí por mi habitación. En estos momentos agradecí que mi habitación estuviera al fondo del pasillo. Estaba intacta.
-Gracias a Dios...
Al comprobar que no había nadie, llamé a la policía.
-Emergencias 091, ¿qué sucede?
-¡Han asaltado mi casa y no hay nadie! ¡Mi familia no está!
-Tranquilicese, ya vamos para allá. Cogeremos la dirección desde su numero de teléfono.

Colgaron. Tardaron 10 minutos en llegar y yo todavía tenia el cuchillo en la mano.
-Baje eso señorita, cuénteme todo lo que ha pasado.
-Llegué, la puerta estaba abierta, inspeccioné la casa y estaba todo roto, desordenado...
Entre en un ataque de ansiedad. Se acumuló todo.
-Vale vamos a recorrer la casa, quédese aquí y no se mueva, mi compañero se quedará con usted.
El compañero era rubio y muy alto. Bastante atractivo, pero si no fuera por las tonterías que me estaba diciendo hubiera sido mi amor a primera vista.
-¿Que te ha pasado a tu pequeñaja? ¿Estas asustada? Ven aqui ay, pobre.
-Perdón, tengo quince años, no cinco. Gracias.

Mientras observaba al estupido pero hermoso policía nacional apareció en la ventana un hombre vestido de blanco y con las facciones tan marcadas que parecía un muñeco. Aparentemente era perfecto.
-¿Quién es ese hombre?
Se giró en la misma dirección que la que estaba observando.
-¿Quien? ¿Dónde?
-En la ventana.
El chico enmarcó una sonrisa en su cara. Nunca en mi vida había visto una sonrisa tan bonita.
Me levanté y decidí salir fuera a ver de quién se trataba.
-¿¡SEÑORITA?! ¡No puede salir!
Hize caso omiso y salí en busca del aparente chico perfecto. Cuando salí, había desaparecido.
-Predecible, muy predecible.
Todo lo que quiero descubrir se expira, desaparece. En ese momento una pluma, una blanca y perfecta pluma cayó del cielo haciendo un vals junto con el aire. La cogí y observé.
En mi vida había visto una pluma tan perfecta. Este momento idílico lo interrumpió una presión el pecho y un pensamiento... ¿Dónde estan mis padres, mi hermana, mi familia?
Corrí hacia dentro en busca del policía. Cuando entré estaba todo el grupo de policías reunidos en el destrozado salón.
-Siéntese señorita.
Hice caso y me senté en el sofá... o lo que quedaba de él.
-¿Cómo te llamas?
-Amelie- dije tartamudeando.
-Muy bien Amelie, hemos revisado la agenda telefónica y tu madre no coge el telefono, ni tu padre y el de tu hermana dice estar apagado. De momento, no sabemos dónde están. No se puede decir que es un secuestro pero estaremos toda la noche buscando pruebas y analizando aquí en casa asi que tienes que ir a dormir a otro lado. ¿Tienes alguna amiga que te pueda invitar a dormir a casa?
-Sí claro, llamaré a Ann.

Llamé a Ann, le conté todo y sin problemas, me dijo que fuera en ese mismo instante a su casa. Fuí a mi habitación, cogí lo imprescindible y bajé para que los policías me llevaran a casa de Ann.

Cuando llegué ya eran las diez de la noche. Se había pasado la tarde volando. Mi cuerpo estaba saliendo de aquel coche, pero mi mente estaba en otro sitio.
Salí del coche y me acerqué a la ventanilla del copiloto.
-Amelie, si necesitas cualquier cosa, solo tienes que teclear 091, ¿de acuerdo?
-Muchas gracias. Lo haré.
Cuando me di la vuelta, el chico perfecto de blanco estaba de pie en el umbral de la casa de Ann. Esbozaba una sonrisa impecable. Me acerqué a toda prisa hacia él y mi sorpresa era, que no desaparecía. Cuando por fin le tuve enfrente pude observar sus ojos verdes, su pelo perfecto y ordenado y su sonrisa que me desfiguró la cara.
-Hola Amelie-dijo él.

martes, 18 de febrero de 2014

Capitulo 3.

-Ring, ring, ring.
El teléfono estaba sonando y lo último que me apetecía era levantarme a cogerlo. Tras dos repeticiones del politono decidí acercarme a mi cómoda y deslizar el dedo para aceptar la llamada. Era Ann.
-¿Qué pasa Ann? ¿Tú sabes lo que me ha costado levantarme? Espero que sea importante.
-Amelie, ¿dónde narices te metes? ¿Sabes que son las 11 de la mañana?
Colgué inmediatamente y corrí hacia el baño para lavarme los dientes y cepillarme.
El agetreo de ayer me debió de dejar cansada, pero ¿mi madre no debería de haberme avisado?
Fui al armario y cogí lo primero que encontré. Bajé a la cocina para beberme un batido de camino al instituto. Al abrir la nevera, vi un papelito colgado que decía: ''Cariño, he salido pronto hoy, hazte el desayuno''
-Eso lo explica todo...
Cogí mi mochila. Pensé en ir en bus pero llegaría antes andando. Bueno andando no, corriendo. Tengo clase de biología a las 12 y no podía perdérmela por nada del mundo.
La gente me miraba y no sabía si era por las pintas que llevaba o por ver a una chica corriendo y jadeando. Elijo la primera y parte de la segunda. Pero ahora me centraba en: ''Amelie, corre, por tu vida''
Llegué al instituto a las doce menos cuarto, el tiempo justo para ir al baño, hacer un justificante de que he estado en el medico, o que he estado mala o algo parecido.
Fui hacia la clase y justo cuando iba a entrar me encuentro al queridísimo profesor de biología.
-Buenas señorita, ¿de donde viene?
-Del medico.
-¿Intentaba masticar chicle y andar a la vez, se cayó y tuvo que ir al médico?
-Creo que usted es un profesor un poco irrespetuoso, ¿no cree?
-A estas alturas solo creo en una cosa.
-¿En qué?
No me contestó, abrió la puerta, me ofreció entrar primero y tras él cerró la puerta.
Miré a Ann y Jefrey, que se sentaban juntos, les sonreí y me senté en mi sitio.
-Hoy hablaremos de los elementos de la naturaleza. ¿Podría decirme alguien los elementos de la naturaleza?
-Tierra, agua, fuego y aire- Contestó Ian, el cerebrito de la clase. Podría tirarse horas y horas hablando de física quántica.
-Muy bien, los elementos naturales lo son todo. Cada persona nace de un elemento natural.
Nuestras caras lo decían todo, ¿qué?
-Los científicos dicen que venimos de los monos- Contesté.
Se empezó a reí.
-Como he dicho, cada persona parte de un elemento de la naturaleza, como tú puedes ser aire y tú puedes ser fuego.
¡ESTÁ CHALADO! ¿¡DE QUE COJONES ESTA HABLANDO!? Cada disparate que decía, me hacía tener más atención hacia el. Aparte de su belleza indiscutible, tenía una mirada tan misteriosa y esa forma tan rara de hablar... ¿A quién se le ocurre decir que procedemos de elementos naturales? Pero no, no iba a ser esa típica alumna que se enamora del hermoso y misterioso profesor, aunque las características las cumpliese.
-¿Habéis oído hablar de los ángeles? ¿O de las ninfas? ¿De los dragones? Nacen de elementos naturales, como vosotros.
-Profesor, esto es clase de biología no de mitología y menos de fantasía. Los dragones, ángeles y ninfas son de los libros y de ahí, no pasan.-Dijo Ann.
Justo después de su última palabra, sonó el timbre. El profesor cogió sus cosas y se fue. Recogí rápidamente y fui detrás de él, esta era mi oportunidad. Le alcancé.
-Profesor, está usted loco.
-Hombre, Amelie, con usted quería hablar.
-¿Qué pasa?
-¿Nunca le han dicho que usted es rara?
Muy bien, un profesor que sube la autoestima hasta las nubes. Siempre era la rara del colegio, pero nadie me lo había dicho tan descaradamente.
-¿Perdón? Raro es usted que dice todas esas gili... tonterías en clase.
-Rara, sí, la veo y veo... muchas cosas.
-¿Muchas cosas?
-Nunca había visto a nadie como usted y me llama la atención.
-¿Pero como yo, en que aspecto? Me empieza a asustar.
-Distinta a nosotros.
Me estaba perdiendo, ¿qué estaba diciendo? ¿Distinta a que y quienes?
- ¡Quiere hablar claro de una vez! Me esta poniendo nerviosa.
-Es usted una elemental.
-¿ELEMENTAL?
La conversación acabó aquí. ¿Hola?¿Es mi profesor de menos de una semana y me esta diciendo todas estas tonterías? Justo después de haber chillado elemental por todo el pasillo, John se fue, se fue así, dejándome más confusa de lo que estaba.
¿Elemental? Ahora mi intriga es... ¿Por qué le llamo la atención? ¿Esta loco? Si el lo está, la que va a acabar estando loca voy a ser yo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Capitulo 2.

Estaba totalmente confusa... ¿Por qué había dicho eso? ¿Qué estaba pasando? Estaba como dentro de una de esas películas que televisan los domingos por la tarde.
Me temblaban las manos, y mi mente solo abarcaba una cosa: plumas, jodidas y asquerosas plumas.
-¿Qué sucede? ¿Por qué dice eso? ¿Qué esta pasando?
-Demasiadas preguntas para una chica de 15 años, ¿no cree?
-Déjese de intriga y dígame que está sucediendo.
En ese momento, cogió sus cosas y corrió hacia la puerta para irse... No podía irse, la intriga perforaba mi pecho.
Pensé en perseguirle como una loca en plan: ¡No por favor no se vaya!, pero decidí, ir silenciosamente detrás de aquel misterioso profesor.


En el trayecto, me encontré con Ann.
-Hola Amelie, ¿qué pasaba con ese profesor? ¿Qué sucede?
-En serio, no puedo creer que tu no lo vieras, pero en su mochila había plumas. Eran reales, créeme no estoy loca.
-Tranquila... No será nada importante... Yo creo que viene desde Chueca todos los días y no le da tiempo a cambiarse.
-Ja ja ja ja ja, Ann, no estoy para bromas. Te dejo, tengo que hacer unas cosas.

Tenía que recuperar esos minutos de entretenimiento, así que decidí correr sigilosamente hacia su dirección. Cuando digo sigilosamente, se da por entendido que es un intento. Como no, al girar una esquina, un chico topó conmigo y nos caímos.
-Lo siento.
No me dio tiempo ni a que él me devolviera un ''No pasa nada'' no podía perder tiempo.
Atravesé todo el hall del instituto hasta llegar a la puerta. Tuve que rodear el edificio para dirigirme hacia el aparcamiento de los profesores.
¡Ahí está!
Con paso firme, me dirigí hacia él. Había mucha gente. Se cruzaban delante mía y los tenía que apartar a codazos. Estaba perdiéndole de vista, ¡no! Aceleré el paso, pero cuando me quise dar cuenta, él ya no estaba... No podía pasar. Ahora tendría que esperar hasta mañana para poder resolver esta incertidumbre que me inquieta tanto. Decidí volver a casa. El autobús ya había pasado hace rato y pensé en ir andando.

Llegué a casa y justamente mi hermana estaba saliendo por la puerta.
-¡Por todos los dioses Amelie! ¿Te has mirado al espejo? ¿Dónde vas con esas pintas?
Me miré en el espejo y vi lo horrenda que estaba. Normal que el misterioso profesor saliera corriendo. Mi pelo largo y rizado estaba enredado y la camiseta arrugada.
-Tal vez mal día querida asesora de la moda.
-Me voy, he quedado con mi nuevo novio, le tienes que conocer.
-Aburrido, paso. Disfruta.
Mi hermana siempre ha tenido muchos novios. Aunque seamos iguales, ella es mas hermosa que yo. Siempre va arreglada y presentable, que, en comparación conmigo, somos el día y la noche.
Subí a mi habitación y decidí que era hora de echarme una plácida siesta.


Desperté en una habitación oscura. Todo era de color negro. De repente una luz que provenía de un largo pasillo enfrente mía lucía a gran potencia. Decidí levantarme y dirigirme hacia ella. Era un pasillo extremadamente grande. No había ni ventanas, ni cuadros, ni puertas... nada. Cuando llegué a la luz, una puerta apareció de la nada. La abrí y llegué a una sala, una sala totalmente opuesta . Blanca, reluciente. Había tanta luz que mis ojos estuvieron unos minutos asimilando tanta claridad. Cuándo por fin pude apreciar bien aquella sala, un montón de plumas blancas aparecieron delante mía. Oh no, otra vez plumas... No puede ser. De repente, el montón de plumas, empezó a cobrar vida creando un remolino a mi alrededor. Me estaba mareando mientras el remolino seguía rodeándome y creando un aire casi inaguantable. Comencé a chillar, me estaba volviendo loca. Mi cabeza daba vueltas. Plumas, plumas plumas. Sólo en eso pensaba ahora mi cerebro. Se empezaban a acercar a mi.
-¡NO!¡NO! Dejadme en paz, por favor.. dejadme en paz.
Mis chillos comenzaron a ser leves susurros hasta que...

Mis ojos se abrieron. Me incorporé sudorosa y sin saliva...
-¿Que pasa hija? ¿Por qué chillas?
-No pasa nada mamá, una pesadilla, ya pasó todo.
-Eso espero, pero has estado durmiendo toda la tarde, es la hora de cenar.
Aquella pesadilla que para mi han sido los peores 10 minutos de mi vida pero en realidad, han sido casi 5 interminables horas.
Bajé a cenar. Como siempre, cenamos sólo mi madre y yo. Mi padre seguía trabajando y mi hermana, seguramente, estaría comiéndole las babas a su nuevo novio. No mediamos palabra, solo contemplábamos expectantes un programa, en el que un chico y una chica buscan casa a familias.
Cuando terminamos de cenar, subí a mi habitación y me puse a leer. Leer realmente me relajaba. Era uno de esos momentos del día en el que te evades de todo y entras en el mundo de los protagonistas.
Tras leerme 3 capítulos, cogí el portátil, leí un poco de mi lista de Twitter y decidí ir a la cama, que aunque haya dormido toda la tarde, me sentía como si no hubiera dormido nada.
Solo espero que mañana, solucione todo.

sábado, 15 de febrero de 2014

Capitulo 1.

-Pi, Pi, Pi. 
Los pocos rayos de sol que podían pasar por mi ventana iluminaron mi habitación. Nuevo día. El verano acaba de terminar y vuelta al instituto. En estos casos mi lista de Twitter esta llena de: ''Oh dios, vuelta al instituto, matadme'' etc etc, pero llamadme rara, yo quiero empezar. Necesito una rutina que el verano no me da...
-¡CARIÑO, EL DESAYUNO!
Comosiempre, mi agetreada, atolondrada e impredecible madre había preparado un bufé, del cual, solo comí dos galletas y un vaso de leche. 
Mi hermana llevaba desde  las 6 de la mañana despierta, ya sabeis, tener una hermana gemela opuesta a ti que se levante 2 horas antes para peinarse, maquillarse, y arreglarse... no era normal. Repito, es totalmente opuesta a mi.
Cuando terminé de desayunar, fui hacia mi dormitorio para vestirme. Elegí mi camiseta de Nirvana, unos vaqueros y mis Converse preferidas.
Mi madre me ofreció ir en coche, pero tengo un momento sagrado a lo largo del día: ir en autobús con mi libro y mis cascos. Suelo tardar en llegar media hora pero hoy había pasado algo extraño. Debió de ser un accidente. Me levanté para hablar con el conductor.
- ¿Qué ha pasado?
-No se sabe exactamente, pero lo que mi vista alcanza, debe de ser un accidente.
De repente, junto al coche destrozado, vi un montón de plumas blancas. ¿Qué es eso? Que extrañas plumas blancas salen de un Ford Fiesta. 
- ¿Eso son plumas?
-Plumas, ¿de qué habla señorita?
-Sí, esas plumas, al lado del coche.
-Debe de estar usted confundida. 
Admití que las galletas debían de tener alguna droga que provoque alucinaciones. Pero es que, no estaba alucinando, eso eran plumas.
Al segundo, me di cuenta que un chico me estaba mirando. Pero no era un chico, era una persona madura y con unos 30 años. Su mirada me llamaba la atención, era el propietario del otro coche, el que, según mi parecer, se chocó con el Ford. Algo no se bien por qué, no me dejaba retirar la mirada. 
El autobús arrancó, se abrió paso entre los coches y se dirigió hacia mi destino, el simple, interesante y social instituto.
Cuando llegamos, todo estaba como siempre. Los chicos del equipo de fútbol mirando los culos de las chicas de 1º de Bachillerato, los listos del instituto fundidos en sus libros, lo cuál me agradaba la vista, ya que era algo muy productivo y de lo que yo me siento involucrada. 
Ahí estaban, junto a la entrada, mis amigos. Mis queridos compañeros de estudios intensivos: Ann, Steve y Jefrey. Cada uno es tan diferente, aunque todos me aportan tanto. 
-Aqui viene la bella Amelie.
-Querido Steve , siempre tan ironico.
-Lo digo en serio, el verano te ha vuelto más... más...sí, más...
-Déjalo Steve, solo haras que estropearlo más. Mi niña, te eché mucho de menos.
Realmente echaba de menos los abrazos de Ann.
-¿Qué tal estas señorita ''No te llamo porque no tengo cobertura''?
-¡ES VERDAD! El pueblo de mi padre es una mierda, no hay apenas cobertura y vivimos entre montones de estiércol.
Estallamos a reír. Ann siempre tenia el don para hacernos reír a todos, hasta en los peores momentos.
-¿Y tú Jefrey?
-Oh, yo muy bien, ya sabes, intercambio en Irlanda. Estuve saliendo con una chica alli.
-¿Una chica? No me contaste nada.
-Sí, una chica, ladrona de virginidades.
-¿¡QUE!?
La tranquila conversación estalló a un barullo. No me podía creer que el pequeño, inocente e infantil Jefrey haya perdido su valiosa virginidad con un amor veraniego.
Sonó la campana del instituto y Ann y yo nos dirigimos a secretaria para ver en que clase nos tocaba este año. Aula 90.
Cuando llegamos a la primera clase, biología y  todo el mundo ya estaba sentado. Había caras nuevas pero había una cara, que me revolvió el estomago. El profesor, era el mismo hombre que vi en el accidente. Tenia la misma mirada, el mismo pelo rubio y ahora, podía ver claramente el color verde de sus ojos. No podía ser, ¿el mismo hombre que no paraba de mirarme como si estuviera observando a un fantasma?
-Siéntense señoritas. Soy John Mort.
La clase transcurrió rápidamente. Pero el sentimiento de curiosidad me inquieta. ¿Quién es ese hombre? ¿Por qué me llama tanto la atención? 
De repente, vi, como al abrir su mochila, un montón de plumas blancas rellenaban los bolsillos exteriores. Plumas... ¡Plumas con el mismo color que las de esta mañana!
-Chst, chst Ann... Mira la mochila del profesor.
-Sí, ¿qué pasa?
-Es que no lo ves, las plumas, ¿no las ves?
-¿Qué plumas? Amelie, estas loca, ¿qué plumas?
-Nada... déjalo.
Definitivamente estaba loca, ida de la cabeza. No tiene sentido que sólo yo vea eso. Tengo que resolver esto.
Al terminar la clase, me acerqué a John.
-Disculpe, quería hacerle una pregunta.
-Esto... si adelante.
Era realmente guapo visto de cerca y si tenia 30 años, no los aparentaba.
-Quería preguntarle sobre las plumas que tiene en su mochila... ¿que hacen unas plumas en la mochila de un profesor de biología?
Gotas de sudor circulaban por su cara. Su cara se convirtió en un manto blanco y su expresión cambió de agradable a preocupación.
-No puede ser cierto...